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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


Una noche cualquiera... pero desconcertadamente especial

A lo lejos se veía una nube amenazadora mientras la luna se escondía, y si la veías te parecía que iba a perecer.
El cielo se puso negro en menos de un minuto y el silencio lo invadió todo, no había rastro de alma viva. Nadie se atrevía a salir de su hogar, ya que sin el resplandor de la luna, aquellos individuos estaban desorientados. La luz se había ido, y nada funcionaba; solo se podía percibir algo con una vela encendida.
Y en ese mismo instante, hubo un ruido tan fuerte y brusco que si veías de donde provenía te sorprendías.
Diluviaba con una intensidad brusca, lo truenos, nunca sin bajar de volumen, corrían en vano intentando ganar a los rayos poderosos y descontrolados.
Todas las gotas de lluvia hacían el mismo ruido cuando encontraban algo con que deformarse y chocar; mientras la gente estaba horrorizada de poder contemplar espectáculo semejante.
Pero, de golpe, todos los rastros de tal violencia meteorológica desaparecieron, como si no hubiera existido tal tormenta jamás. Y enseguida apareció la luna brillante, iluminándolo todo a su alrededor, dejándonos contemplar un cielo tan estrellado que jamás volverá a ser visto, e ir dando motivos a la gente aterrorizada a vencer sus miedos y salir a contemplarla.
Dicen que jamás se ha vuelto a ver noche semejante, y se supo de ella que ha sucedido por la gente que pudo verla con sus propios ojos y ahora se siente feliz de poder contar con ese recuerdo en su memoria. A todos nos habría gustado haber podido experimentar ese brusco y brutal cambio de emociones que te puede desmayar. Pero sobretodo nos habría ilusionado haber podido contemplar semejantes cantidades de estrellas que ya jamás nadie podrá percibir.



Martina Llop Salas
Artà
21/04/2011

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