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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


Sueño irreal

Había acabado el curso. ¡Ya podría disfrutar plenamente del verano!
Tenía muchas actividades planeadas por hacer. Tenía la sensación que este verano iba a ser diferente, realmente especial. Pero mis planes se vieron interrumpidos cuando mi madre me dijo que pasaríamos todo el verano en una casita de campo lejos de donde vivía: ¡en Noruega!
Me enfadé de tal manera que no le hablé durante días, pero no pude evitar ir a la dichosa casita.
Hice las maletas lentamente y me dirigí hacia el coche de mala gana. Me puse los auriculares y empecé a escuchar música. Al cabo de poco desconecté y dejé que transcurriera el tiempo.

***

Cuando bajé del coche, ¡no podía creer lo que veía! Una simple casita aislada del mundo, incrustada en un enorme campo rodeado de árboles.
Por si fuera poco, también yo estaba aislada del mundo: la dichosa casa no tenía televisión, ni tan sólo un maldito ordenador.
Eso incrementó aún más mi enfado. Entré a la habitación más pequeña, que era la mía, y no salí de ella. Me tumbé en la cama y me dormí, dejando que el sueño me hiciera olvidar por qué estaba enfadada.
Al cabo de unas cuantas horas, desperté. Aún era de noche.
Salí afuera a tomar el aire. Sentí la intrépida necesidad de abandonar mi refugio y adentrarme en el misterioso bosque que nos rodeaba. Empecé a caminar. Era maravillosa la fragancia que desprendían los inmensos árboles. Seguí caminando, descubriendo y explorando, hasta que me di cuenta que estaba desorientada.
Perdida, bañada por la luna, caminaba desesperada por encontrar el camino a casa. Pero un bello sonido distrajo mi atención e hizo cambiar mi rumbo. Seguí su estela, corrí entre los árboles, intentando averiguar de dónde procedía, hasta que me detuve para no caer dentro un gigantesco lago.
Alcé la vista para analizar mi situación, cuando mis ojos percibieron una luz demasiado intensa para tratarse de la luna. Avancé despacio, para intentar averiguar de qué se trataba, y si era aquello de donde provenía la dulce música que bañaba mis oídos.
¿Era acaso un ángel? Di unos cuantos pasos más, y, de pronto, salté asombrada.
¡Un unicornio! ¡Un bellísimo y mágico unicornio!
De pronto, comprendí que estaba soñando. No, no era real, pero quería acercarme y acariciar su suave cabellera, aunque sabía que no era real.
Y lo hice, me acerqué, apoyé mi mano sobre su delicada cabeza. Tenía los ojos azules. Bellos y penetrantes a la vez.
¿Hasta dónde llegaría mi imaginación?
Con cuidado, lo monté, y cabalgué entre los árboles, disfrutando de mi nueva libertad. Pero, de pronto… choqué contra una rama que sobresalía, y caí.
Dolorida, pero despreocupada, - porque, a fin de cuentas, todo era un sueño- volví a dormirme, sabiendo que a la mañana siguiente despertaría en aquella insignificante habitación.

*** 

Actualmente me encuentro en un hospital. No estoy muy consciente, pero oigo susurrar a los médicos: “Si la hubieran hallado antes…ha perdido sangre…ha sido una caída fuerte…puede que no sobreviva”.






Martina Llop Salas
Artà
19/08/2012

*Este relato ganó un segundo puesto en el concurso de relatos veraniegos en www.caballow.com

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